María llevaba en su vientre a Vera, su futura pequeña, que ya os puedo decir, que es más bonita que todas las cosas bonitas juntas. La celebración fue tan emotiva, que enfocar se convirtió en lo más complicado de la ceremonia civil. ¡Y eso qué ya iba preparada!

Ellos en sí, son especiales, especiales y necesarios en la vida de cualquier persona que se cruce con ellos, porque desprenden una energía y un amor, que pocas veces encuentras tu en el mundo algo tan puro y tan real. Son tan especiales, que ellos no querían sellar su amor con alianzas, querían plantar un árbol. Símbolo de vida, de protección, de eternidad. Finalmente eligieron plantar un aloe-vera debido al nombre que habían elegido para su hija. Si os digo que fue realmente emocionante estar tan cerca de ellos mientras llevaban a cabo este ritual y leían sus votos… me quedo corta.

Recordarlo me emociona. Y tenerles en mi vida… también. 

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